viernes 18 de diciembre de 2009

Este sábado en CicloP Radio

Amigas y amigos: este sábado 19 a las 20hs (repite el miércoles 23 a las 19hs) se estará reproduciendo la charla sobre Huntington y el nuevo orden internacional que di en el marco del "Seminario de los jueves" de Tomás Abraham el día de ayer. Se la puede escuchar por internet en www.ciclopradio.com.ar Besos y abrazos

miércoles 16 de diciembre de 2009

Salió el Número 22 de la Revista La Otra

Amigas y amigos: ya está disponible en los kioskos un nuevo número de La Otra. Allí encontrarán una entrevista a Pablo Llonto, autor de La noble Ernestina; mucho cine con la selección de las mejores películas del año realizada por Oscar Cuervo entre otras cosas; la nota de tapa sobre la Constitución travesti y mucho rock con la voz y y el ronroneo de Cat Power. Además, como si esto fuera poco, la última entrega de mis "Excusas borgeanas", en este caso, hablando sobre las ideas políticas de Borges. Besos y abrazos. Dante

lunes 7 de diciembre de 2009

El destino transversal (publicado originalmente el 7/12/09 en www.lapoliticaonline.com)

No es fácil desbrozar el camino y quitar de éste el triunfalismo, la exageración y el odio visceral con que se analizó el episodio legislativo por el cual el kirchnerismo perdió la mayoría en las comisiones y en la Cámara de diputados en general. Para realizar tal tarea, sin duda no parecen ser de ayuda aquellos que con extrema liviandad e irresponsabilidad intelectual, afirman que lo que viene es “el fin del stalinismo patagónico”, o equiparan los movimientos sociales kirchneristas con las fuerzas que apoyaban a Mussolini y Hitler. De aquí que no me ocuparé de este tipo de apreciaciones y dejaré que los archivos se burlen de ellos el día de mañana.
Lo más fácil de analizar son los datos más o menos objetivos, a saber: es falso que esta es la primera vez que el kirchnerismo no es mayoría en las cámaras. Quienes afirman esto faltan a la verdad por omitir que recién en 2005 el kirchnerismo comenzó a traducir en representación en las cámaras el creciente apoyo que las medidas de gobierno empezaban a tener entre una ciudadanía que apenas dos años antes le había otorgado sólo un 22% del voto a Néstor Kirchner; y, además, desconocen que cuando lo que está en juego son leyes que afectan intereses o creencias profundas la supuesta homogeneidad y el carácter monolítico de los bloques no son más que la descripción temeraria de una dudosa ontología (el resquebrajamiento del bloque oficial durante y después de la 125 y la forma en que se eludió el tratamiento de una ley a favor del matrimonio gay son ejemplos cercanos).
Pero lo más difícil es saber lo que vendrá. Aquí, me atrevería a afirmar que contrariamente a la opinión mayoritaria, la clave de supervivencia del kirchnerismo no es un deslizamiento hacia la moderación, es decir, hacia los reclamos que provienen de la derecha, si no más bien lo contrario. En otras palabras, aunque resulte paradójico, sólo en la radicalización de políticas de centroizquierda, el kirchnerismo podrá lograr un consenso (acotado) que acerque a representantes de fuerzas alejadas de los dictados del establishment económico-discursivo (para muestra, en este sentido, obsérvese lo ocurrido respecto de la ley de Medios).
Por todo esto, otra vez, quizás paradojalmente, el presente del kirchnerismo lo obliga a refugiarse en la otrora rechazada transversalidad que, en esta etapa, no forma parte de un proceso amplio que teóricamente iba a incluir a diferentes sectores de la ciudadanía con ideales progresistas sino que se restringe a acuerdos de cúpula entre los representantes de la centroizquierda y el kirchnerismo a la hora de impulsar determinadas leyes. Por supuesto que cualquier no kirchnerista que apoye una propuesta oficialista se habrá “borocotizado” mientras que cuando un aliado del gobierno como Cobos, Solá y Graciela Caamaño, entre otros, todos elegidos en las listas del FPV, se pase a las filas opositoras se transformará en un hombre digno, con valor y conciencia. Pero ese será un tema de los videographs y de los noteros. Lo que importa es que la propia lógica confrontativa de Kirchner y la intransigencia de la derecha llevan indefectiblemente al oficialismo, casi al mejor estilo de una tragedia griega, a retornar a una estrategia transversal por el camino de la profundización de las políticas que afectaron intereses de grandes corporaciones. Demostrado que la pejotización no garantiza ganar elecciones y sin embargo supone cargar con el lastre de apoyar barones bonaerenses; y comprobado que una alianza con moderados como Cobos aporta sólo un mínimo apoyo para triunfos circunstanciales, el destino parece decirle al oficialismo que su supervivencia estará en reestructurar una alianza entre sectores progresistas que incluya al “peronismo de izquierda” y, contra aquellos que exigen moderar las acciones, radicalizar la agenda.

domingo 22 de noviembre de 2009

Desnaturalizar el matrimonio (publicado originalmente el 22/11/09 en Miradas al Sur)

La Argentina se encuentra ante la posibilidad histórica de posicionarse como el primer país en Sudamérica en promulgar una ley nacional a favor del matrimonio entre homosexuales. En este contexto, como era de suponer, la respuesta de los sectores que se oponen no se hizo esperar aunque difícilmente sus razones puedan presumir ser originales. Generalmente, estos grupos, que para evitar ser tildados de retrógrados afirman respetar (aunque no compartir) la orientación sexual de un amigo gay, esgrimen diversos argumentos entre los cuales podemos enumerar razones procreativas, semánticas, tradicionalistas y naturalistas, las cuales, en todos los casos, se solapan con dogmas religiosos. En cuanto al primer conjunto de razones, se dice que el matrimonio tiene como función la procreación algo que obligaría a prohibir la unión de hombres y mujeres que por razones de edad o disfunciones sean incapaces de concebir, y a anular aquellos matrimonios que hayan fracasado en su intención de seguir trayendo niños al mundo.
Por otra parte, el argumento semántico, se ciñe sobre la letra de la ley argentina y la Biblia misma, para afirmar que el matrimonio es estrictamente la unión de un hombre y una mujer, lo cual es complementado con razones tradicionalistas a partir de las cuales nuestra historia como país y la de Occidente, como mínimo, se erigen a partir del núcleo familiar padre-madre-hijos, algo que, a su vez y como si esto fuera poco, tendría carácter natural.
En conjunto, lo que estos argumentos dejan de soslayo es el carácter histórico de la institución matrimonial. No hace falta leer la Historia de la sexualidad de Foucault para poder darse cuenta que el matrimonio en la antigua Grecia no tenía las mismas características que en el Imperio Romano. Ni siquiera hace falta remontarse tanto tiempo atrás para recorrer las transformaciones pues recordemos el cambio que significó, por caso, que en la Argentina a fines del siglo XIX el Estado haya podido instaurar el matrimonio civil resaltando el aspecto legal del mismo. Asimismo, también podemos ver cómo la evolución de la institución matrimonial en Occidente permitió que la mujer, en un principio una suerte de mercancía que pasaba de manos de un hombre (el padre) a otro (el marido), se transforme paulatinamente en una contrayente en pie de igualdad en lo que respecta a derechos y obligaciones.
Pero no sólo la institución matrimonial tiene una historia, la sexualidad misma también la tiene. Así, caería en un torpe anacronismo quien considere que los griegos eran una suerte de degenerados homos y bisexuales que permitían legalmente la pederastia. Aunque resulte difícil para cualquiera de nosotros comprender ese contexto, debemos esforzarnos en entender que la homosexualidad como la entendemos hoy no existía en Grecia, es decir, las variables para definir las relaciones no tenían que ver con el género de mi objeto de deseo sino con la belleza en general. En otras palabras, los griegos se sentían atraídos por lo bello y resultaba indiferente si esta belleza se manifestaba en un cuerpo de hombre o de mujer, con 12 años recién cumplidos o 25. Más allá de que el carácter pasivo y el afeminamiento no eran bien vistos, antes que tomar en cuenta si el objeto deseado era del mismo sexo, lo repudiable tenía que ver con no poder dominar la pasión por el objeto deseado, estar a merced de un eros descontrolado.
En cuanto al amor por los muchachos, también sabemos que el vínculo entre el pedagogo y el joven iba mucho más allá de lo sexual. De hecho, la relación entre el discípulo venerado en demasía hasta el crecimiento de su primera barba, tenía carácter educativo, se apoyaba en instituciones militares y era parte de ritos y fiestas religiosas.
En síntesis, una vez que se desnuda el carácter histórico de la sexualidad y de instituciones como el matrimonio, los argumentos naturalistas quedan desenmascarados y expuestos a la posibilidad de modificaciones acordes a la cosmovisión de la sociedad y su época. No caerán sobre nosotros plagas, ni moriremos todos por un odio divino que nos arrojará un virus conformado por la gripe A del mosquito del dengue encarnado en un menor delincuente que mata por la sequía. Tampoco se desintegrará el ser nacional argentino ni nuestros placares serán testigos de una ola masiva de muchachos que deciden abandonarlos simplemente porque un fallo obliga a que hablemos de “contrayentes” en vez de “hombre” y “mujer”. De hecho, una ley que refuerce la protección hacia un grupo históricamente discriminado antes que ir en contra de nuestra identidad, parece ser un paso más hacia el afianzamiento de los valores característicos de Occidente: libertad, igualdad y fraternidad.

domingo 8 de noviembre de 2009

El ingreso por niñez: entre la focalización y la universalidad (publicado originalmente el 9/11/09 en www.lapoliticaonline.com)

Con el nuevo plan de ingreso por niñez, el gobierno no sólo ha logrado dar un salto cuantitativo en lo que respecta a combatir la pobreza y la indigencia sino que ha obtenido un triunfo en el plano discursivo instalando que es universal aquello que no lo es. En otras palabras, el ingreso a la niñez propuesto por el Gobierno, sumado al resto de los planes que directa o indirectamente benefician a los niños, incluye a millones de menores pero no a todos. Esta diferenciación entre un plan que beneficie a todos sin ningún tipo de exclusión y uno que beneficie sólo a aquellos que lo necesitan, generalmente es representado como la discusión en torno a una política pública universal o focalizada.
En este caso puntual, el modelo universal de ingreso a la niñez, abarcaría a todos los menores de 18 años independientemente de su contexto económico y social. El focalizado, en cambio, apuntaría a que el beneficio llegue “sólo” a los hogares pobres. Si bien uno y otro modelo son apoyados por actores de ideología disímil, de buena parte de los debates suele seguirse que el ingreso universal se caracterizaría por ser una política progresista, frente a la focalización clientelística que estimularía el Gobierno. Considero que esta es una simplificación propia de cierta visión demasiado lineal de las cosas.
Conceptual e históricamente, la visión universalista es el correlato de las ideas emergidas en el siglo de las luces y que han tenido su complemento político necesario a lo largo del siglo XX con la inclusión plena de las mujeres a la ciudadanía. Que jurídicamente todos seamos iguales, a pesar de nuestras diferencias físicas, es una conquista contra todo tipo de discriminación. Sin embargo, diferentes comunidades en el contexto de las problemáticas específicas de cada sociedad han denunciado que la igualdad de oportunidades es solo presunta. De esta manera, grupos étnicos y religiosos, minorías sexuales, mujeres y desclasados en general, han levantado la voz exigiendo algún tipo de política específica focalizada en el grupo en cuestión para que aquella igualdad ideal se transforme en un hecho. Esta política focalizada, conocida como discriminación positiva o affirmative action, es la que introdujo el cupo femenino en la legislatura de una decena de países; el otorgamiento de la propiedad colectiva de la tierra a comunidades indígenas de buena parte de Sudamérica; el cupo especial para estudiantes negros en las universidades de Brasil y Estados Unidos entre otros y diferentes derechos especiales para determinadas comunidades en el ámbito educativo a lo largo de todo el planeta. Sin dudas, todas estas medidas focalizadas son profundamente progresistas y quedó de manifiesto el beneficio producido frente a una universalidad que en su recelo hacia la diferencia a veces resulta incapaz de dar cuenta de la diversidad. En el caso específico del ingreso por niñez en Argentina hay un sinnúmero de razones a favor y en contra de cada modelo además de elementos técnicos muy puntuales que no pueden pasarse por alto. Por ejemplo: la política focalizada del Gobierno, a través de los diferentes planes sociales, ya cubría, antes del anuncio, de alguna manera, a casi el 80% de los menores de 18 años, con lo cual se trataba de una “focalización casi universal”. Con la novedad de la propuesta del ejecutivo alcanzaríamos un número todavía superior con lo cual llegaríamos a una suerte de universalización como suma de focalizaciones, lo cual, por cierto, como se verá a continuación, aunque no parece la mejor opción en tanto no comprende que el salto del “foco” al “universo” es cuali antes que cuantitativo, supone una mejora relevante al menos en el corto plazo además de operar como un buen incentivo para inyectar pesos en el mercado interno.
Como varios estudios lo demuestran, que todos los niños puedan recibir una suma fija por mes supone una erogación inmensa por parte del Estado. Esta dificultad puntual se complementa con otras propias del modelo y que, en este caso, supone que apoyados en la universalidad, el dueño de un country reciba por su hijo lo mismo que recibe el padre indigente por cada una de sus 6 criaturas. Sin embargo, la universalización tiene a favor un ahorro importante en burocracia y la posibilidad de eliminación de las mediaciones, a veces clientelares, que suelen necesitar los planes focalizados. Por su parte, el modelo focalizado, aun cargando sobre sus espaldas el costoso gasto en cuadros técnicos de todo tipo, puede resultar más justo en tanto permite un seguimiento de las diversas problemáticas de cada uno de los casos. Asimismo, si bien pueden propiciar relaciones clientelares, también puede no hacerlo cuando está a cargo personas honestas que conocen el barrio y a las familias que necesitan ayuda, algo que al Estado le resulta casi imposible. Son estas mismas redes las que también pueden permitir que niños que ni siquiera tienen documentación y que resultan “invisibles” para las políticas universales del Estado, realicen los pasos necesarios para alcanzar los beneficios.
En síntesis, la propuesta del gobierno es una medida importantísima en pos de crear derechos allí donde parecía no haberlos. Que este tipo de ayuda se naturalice sería el mejor legado que el plan puede dejar y más allá de que la medida tenga también la lectura política de haberle quitado a la oposición una propuesta “políticamente correcta” incluso sostenida por sectores de derecha que “corrían al Gobierno por izquierda”, el ejecutivo debiera tomar conciencia que resulta falso adscribir al modelo de la universalidad un carácter progresista en sí puesto que ambos modelos tienen elementos a favor y en contra. Descansar abstractamente en las bondades de un modelo u otro, sería un error producido por el soslayo de las particularidades de sus entornos de aplicación.

miércoles 28 de octubre de 2009

Pensando la reforma política (publicado originalmente el 30/10/09 en www.lapoliticaonline.com)

Tras la sanción de la Ley de Medios, el gobierno ha enviado el proyecto de Reforma Política al Congreso. Si pudiera resumirse, la iniciativa propone un sistema de internas abiertas simultáneas y obligatorias tanto para partidos como para los ciudadanos, un nuevo modo de financiamiento de la propaganda y un umbral más exigente de afiliados para que los partidos no caduquen y estén en condiciones de presentarse a una elección.
Expuesta así, la reforma tiene varias consecuencias si bien en general hay buenas razones para indicar que se trata de una reforma que favorecería a los partidos grandes. Tal afirmación se sustenta en el mínimo de afiliados permanentes exigidos (5 por 1000) y en la “alta” cantidad de votos que debiera sacar un candidato en las “primarias” para poder presentarse en los comicios generales (más del 3% del distrito en disputa). Esto es lo que hace que los ansiosos de títulos rimbombantes afirmen que se trata de una nueva negociación entre PJ y UCR para lo que sería una reedición del pacto de Olivos. Está claro que, entre otras concesiones, Menem le otorgó a Alfonsín la introducción de la figura del senador por minoría como forma de eternizar el bipartidismo y garantizar alternancia y un mínimo de representatividad para ambos partidos. Sin embargo, debemos matizar la idea de que la reforma que propone el gobierno de CFK sea enteramente a medida de los partidos tradicionales. Esto tiene que ver con que, al someterse a una votación abierta y obligatoria disminuye la capacidad de los aparatos de los grandes partidos para determinar “a dedo” sus candidatos. Además, permitiría que la ciudadanía no se vea expuesta a dirimir en los comicios generales la interna de los grandes partidos desmembrados como viene sucediendo con el PJ últimamente. Por otra parte, una distribución por parte del Estado del dinero a utilizarse en las campañas (50% igual para todos y el otro resto distribuido proporcionalmente en función de los votos obtenidos en la última elección) favorece a los partidos chicos en dos sentidos. Por un lado, ningún partido pequeño había contado antes con un presupuesto que sea, digamos, como máximo la mitad del de uno grande. En otras palabras, cada dos afiches de Kirchner, tendríamos como mínimo uno de Altamira. En segundo lugar, que sea el Estado el que maneje esos recursos pondría coto a la vehemencia dilapidadora de los candidatos magnates. De esta manera, en un enfrentamiento de la Selección Argentina, deberían mostrarnos la cara de Luis Zamora o los pectorales de Cherasny casi tanto como el tatuaje de De Narváez.
Además, cabe hacerse una pregunta más general y es: si fuese verdad que favoreciera a los partidos grandes, ¿es esto pernicioso para nuestra democracia? La crisis de la UCR y del PJ, la cantidad de dirigentes corruptos e ineptos que llevaron a una crisis de representatividad del sistema mismo, bien podrían ser indicios de una respuesta afirmativa. Sin embargo también es verdad que el único mérito de la nueva política, (salvo contadas excepciones) fue peinar menos canas, es decir, un mérito estrictamente cronológico (o un milagro capilar) y que la multiplicidad de partidos emergentes tras la crisis de 2001 no generó ni propuestas ni cambios demasiado sustanciales. Más aún, en un informe de la cámara Nacional electoral de agosto de 2008, se indica que existen 703 agrupaciones a lo largo de todo el país, de las cuales sólo 219 cumplen con el requisito mínimo de afiliados. A esto agreguemos que en la Ciudad de Buenos Aires hay 15 agrupaciones que ni siquiera suman 10 afiliados (SIC) y que, sin embargo, reciben dinero por parte del Estado.
Para decirlo de otra manera, no resulta esencialmente mala la idea de una reforma en el sistema electoral que ayude a detener la atomización y promueva partidos institucionalmente más fuertes, especialmente, si, como parecemos suponer, consideramos que una democracia de partidos es el sistema menos peor en el que preferiríamos vivir. Lo otro es coyuntura, periodismo de espectáculos aplicado a la política puesto que si bien los sistemas electorales son muchas veces determinantes, como en el caso de la Ley de Lemas en Santa Fe, hasta ahora no han podido por sí solos ganar una elección. Si esto llevará a que Cobos deba resolver la interna en la UCR y si Kirchner tendrá la capacidad de poder doblegar la oposición al seno mismo del PJ para domeñar la tropa díscola debajo del tradicional verticalismo peronista es un asunto bastante menor ya que especialmente resulta claro que la reforma propuesta deberá lidiar con las otras variables que juegan en política, como mínimo a la par, de la determinación de un sistema electoral, esto es: clivajes, sistema de partidos preexistente, etc.
Probablemente no sea esta la reforma profunda que nos merecemos pero resulta sin duda menos trivial que las propuestas de los candidatos de los Medios que, siguiendo los juegos de palabras de la Escuela del Rabino Bergman y Raúl Portal, parecen ser más bien “Medio-candidatos”. En otras palabras, ¿la democracia argentina puede tener un punto de inflexión una vez instaurado el voto electrónico y la boleta única? ¿O se trata simplemente de los dos grandes problemas que tienen los candidatos que saben que Bonelli y Silvestre son útiles para prestar micrófono pero no para llevar las boletas y fiscalizar el Segundo Cordón de Buenos Aires? Por otra parte, ¿resulta admisible el argumento por el cual se indica que esto no es prioridad y que en tanto tal, debiera tratarse después del 10 de diciembre? Es decir, ¿resulta menos importante el contenido de la ley que el hecho de quién levante la mano para votarla?
Así, mientras el oposicionismo se debate en una frivolidad autointeresada, CFK parece decidida a emular la hiperkinética y compulsiva necesidad de imponer la agenda, algo que caracterizó buena parte del gobierno de su marido. En esta coyuntura y para esta oposición, un gobierno decidido a tomar la iniciativa, mal o bien, acertando o no, incluso equivocándose mucho, resulta, de por sí, demasiado.