viernes 18 de julio de 2008

El problema de la representación y la democracia de resultados

Cobos dijo “no” y el escenario de repente cambió. Lo que hace 3 días era una victoria oficialista segura en el Senado se transformó en derrota con una puesta que causaría envidia en el contexto hollywoodense. Hubo suspenso, falsos resultados, momentos en que ganaban los malos y todo parecía perdido, recuperación de la esperanza, expectativa creciente, el héroe que al final entra a escena, da un discurso durante 20 minutos sin dar a entender para dónde se inclinará, pide cuarto intermedio que le es negado, el rating sube a su pico y, luego, final feliz. La virgen en manos de LLambías sube a escena y en Palermo hacen abrazos de gol al ritmo del himno interpretado por el arquetipo del gaucho cantor. Los rezos de los militantes en la puerta del congreso no fueron oídos: la virgen y el himno viven en Palermo y ellos nunca se enteraron.
En ese instante, Carrió se recibe de Cassandra, se queja de que nadie le creyó y le otorga a la decisión de Cobos el status de prueba ontológica: “Ahora créanme. Dios existe. Hemos tenido una revolución en paz. Dios obró en la historia y también en Julio Cobos”. Gerardo Morales y Sanz, pasan a considerar que Cobos no era tan traidor como ellos habían afirmado al echarlo del partido. El nuevo frente peronista que aglutina a varios pretendientes de resucitación se anota un poroto. El Senado, o, más bien, el aguantadero generoso, el órgano ansiado de emisor de fueros que soporta a Menem, a Romero, a Saadi y a Rodríguez Saá, cambia la actualidad política y el gobierno mutis por el foro. Entre tanta hojarasca permitámonos algún análisis metacoyuntural.
Tomemos en cuenta el problema de la representación: fue muy interesante en ese sentido el discurso de Piccheto. Él habló de la democracia de partidos y de la defensa vertical de la plataforma; del otro lado se afirmaba la necesidad de la libertad de conciencia. En el medio todos dicen representar al pueblo. Al fin de cuentas, no es más que el problema de las democracias representativas: ¿cómo es posible garantizar que nuestros representantes representen de manera transparente los intereses de sus representados? Lo que en principio parece resolverse en sistemas de democracia directa donde son los propios interesados los que defienden sus intereses, en los sistemas representativos es un problema. En las democracias representativas de partidos, en principio, los representantes deberían encolumnarse detrás de la plataforma. Al fin de cuentas, teóricamente, la gente no ha elegido nombres y menos en los casos de listas sábanas: elige plataformas. Asimismo, esta defensa tan vertical parece simplificar los asuntos de la política pues las plataformas no dejan de tener un espacio de ambigüedad e incluso, sobre algunos temas, no se expiden. ¿Qué votamos entonces? ¿Un conjunto de ideas plasmadas de manera más o menos precisa en una plataforma o más bien, como muchos pensadores clásicos suponían, votamos la capacidad de los representantes? La respuesta es difícil pero cuando se apela a la idea de libertad de conciencia extremamos el costado aristocrático de todo sistema representativo: suponemos que hay un conjunto de hombres que son más capaces que el resto del pueblo y además creemos, paternalistamente hablando, que ellos sabrán mejor que el propio pueblo lo que el pueblo quiere. Por eso podemos darnos el lujo de descansar en su libertad de conciencia. La conciencia del representante capaz, no se transforma necesariamente en lo que el pueblo quiere. Más bien será lo que es mejor para el pueblo, aun si no es esto lo que el pueblo quiere.
Vayamos a la cuestión de la particular manera de entender la democracia. Esta es otra discusión interesante que tampoco resolveré aquí. Pero digamos que interesada y peligrosamente se ha puesto un especial hincapié en el contenido de la decisión democrática y no en el proceso democrático. En otras palabras, se instaló la idea de que habría democracia si y sólo si, la decisión del poder legislativo era a favor de la derogación de la 125. El proceso, esto es, lo esencialmente democrático no importaba. La democracia argentina se transformó de repente en una democracia de resultados. A esto abonó una irresponsable oposición que en ningún momento exigió a los representantes de la mesa de enlace que se acepte el resultado sea cual fuere. Fue patético observar cómo varios representantes de lo oposición, suponiendo que iban a perder, llamaban al campo a seguir la vía judicial. La gran paradoja es que estos representantes que rezongan ante la ubicuidad del poder ejecutivo, desprestigian su propia labor legislativa afirmando que la decisión de este poder es legítima sólo si se da en un sentido.
Pero dejemos las abstracciones y volvamos a la coyuntura. Mi sensación es que la forma en que el gobierno perdió fue la mejor posible. De más está decir que el gobierno no buscó perder pero entre todas las posibilidades de derrota, ésta es aquella de la que se puede sacar provecho. Incluso hasta podría decirse que tal vez, la debilidad que manifiesta la derrota es preferible al desgaste que hubiera generado el triunfo. ¿Usted se imagina que estaría pasando si Cobos hubiera votado a favor del Gobierno? El gran problema es el propio Gobierno. ¿Tendrá la capacidad de poder sacar provecho de, quizás, la última oportunidad para poder sobrellevar los 3 años y medio que quedan? A juzgar por lo ocurrido ayer me permito ser escéptico. Que Cristina no haga mención directa a lo ocurrido y se maneje con ironía es más la actitud de un niño enojado que la de un adulto con responsabilidad. Parece más simple salir a decir un par de frases hechas que descompriman: “este es triunfo de la democracia; las instituciones funcionan: no hay vencedores ni vencidos, etc.” Al fin de cuenta, efectivamente, fue una gran demostración de institucionalidad y participación cívica. En cuanto al mediano plazo parece una incógnita saber cuál será el camino de alianzas del Gobierno. Parece claro que Kirchner interpretó que la manera de defenderse de lo que venía era refugiarse en las viejas estructuras del partido justicialista y renunciar a la transversalidad de la formación de un gran frente de centroizquierda. Es en esta línea que debemos entender que al dejar de lado la transversalidad por la concertación plural se hizo un viraje del plano ideológico al de la gobernabilidad. El punto es que ahora también se está rompiendo esta concertación y con el partido justicialista solo y resquebrajado no alcanza para gobernar. El futuro es pues una incógnita, especialmente si le sumamos un contexto nuevo en esta joven democracia: Sin riesgo de golpe militar, las crisis se canalizaron generalmente en el apoyo masivo a algún dirigente opositor. En este caso, ninguno de éstos parece emerger ni estar a la altura de esa responsabilidad. En este sentido, o el gobierno saca a relucir cintura política o al no haber oposición donde canalizar el malestar, el gobierno implosionará.

miércoles 16 de julio de 2008

Este domingo en La Otra radio

Amigos y amigas: este domingo a la medianoche estaré como invitado al programa de La Otra radio en FM 88.7 La tribu. Algo de filosofía, un poco de música y, seguramente, mucha actualidad política en una charla con Oscar Cuervo. Saludos a todos. Trasnocharemos y nos escucharemos el domingo.

lunes 14 de julio de 2008

Escenarios

El videograph de C5N de ayer que afirmaba que “se viene el supermartes” generó en mí tal expectativa que despertó mi costado lúdico: el de las predicciones. Éstas, como todos sabemos, una vez escritas deberían ser el basamento para futuras risotadas, indignaciones y desacreditaciones que serían muchos más abundantes si los periodistas de medios escritos o los autorreferenciales programas que se presentan como noticieros de la propia TV, dejaran de lado el sesgo editorial del multimedio al que pertenecen.
Jugando con la multivocidad del término, podría decirse que está asegurado que el martes habrá dos escenarios (el “K” en la plaza Congreso y el de “el campo” en el monumento a los españoles) pero que pasada esa fecha no sabremos cuántos escenarios pueden darse:
-¿Ganará el proyecto oficial y, en un ejercicio envidiable de democracia, la marcha de los dueños de los campos volverá a sus lares, derrotados pero respetuosos de las instituciones?
-¿Ganará el proyecto oficial y la marcha de los dueños de los campos generará estruendosas réplicas verbales de sus dirigentes agitando el fantasma de las Banelcos? Dado esto, ¿irán hasta la Corte Suprema y en caso de volver a perder ante el funcionamiento de las instituciones afirmarán que esta Corte independiente también está cooptada por el poder ejecutivo del doble comando?
-¿Perderá el proyecto oficial, con lo cual se elogiaría la supuesta integridad y decencia de los senadores, y el gobierno vencido y con la cabeza gacha quedará a merced de las más descabelladas presiones de todos los lobbys?
-¿Perderá el proyecto oficial y el gobierno saldrá a redoblar la apuesta sabiendo que este no es un país que se gobierne de forma timorata?
La lista de escenarios pos martes (y miércoles) puede ser interminable y quizás lo que finalmente suceda no responda linealmente a ninguna de las opciones aquí dadas. Más allá de eso me quiero detener en algunos elementos que se encuentran a la base de los escenarios mencionados.
No hace falta tener mucha capacidad para darse cuenta que en este conflicto el tema económico pasó a segundo plano: con todas las concesiones que el gobierno realizó, el dinero recaudado ya no parece ser tan importante como para mantener semejante situación. Este dato también le juega en contra a los argumentos del campo pues si no es tanta plata la que está en juego, se desnuda claramente una intencionalidad política. Si a esto le sumamos que la “batalla comunicacional” fue ganada por los intereses cercanos al campo podríamos decir que en la medida en que el gobierno no entienda que la verdad sin persuasión es estéril, los tiempos que vienen serán difíciles. Tanto el gobierno como “el campo” han quedado presos de su propia tozudez si bien en esta igualación el que más pierde es CFK pues los dirigentes de la Mesa de Enlace tienen destino de fusible (Incluso, a esta altura, es casi seguro que el triunfo del gobierno sea pírrico). El escenario resulta complejo porque el Gobierno no puede retroceder en la desvirtuada (pero simbólica) resolución 125. Se le harán todas las modificaciones pertinentes pero deberá seguir llamándose 125 para mantener la idea de triunfo. Y los dirigentes de “el campo” necesitan la derogación de la resolución pues la aceptación de cualquier otro resultado dejaría abierta la pregunta que nos haríamos en la esquina del barrio: ¿tanto lío para esto? El Gobierno tuvo la posibilidad de bajar la 125 ante la renuncia de Lousteau. Era el momento de cargarle al poco experimentado ministro el error y barajar y dar de nuevo. Los dirigentes del campo tienen la posibilidad de “bajarse” cuando pierdan en senadores, demostrar una altura que no tienen, reconocer las concesiones recibidas y afirmar que, aun en desacuerdo, respetan el poder legislativo, ese que era tan requerido por ellos en la medida en que representaba “todas las voces”. Ahí se resolvería el conflicto. Pero seguramente no lo harán: hablarán de cooptación y de presión K. Los multimedios “escracharán” a los supuestos traidores que se habrían “dado vuelta” y hablarán confusamente de la ausencia de libertad de conciencia de los legisladores. Es este un tema muy complejo pero uno tiende a pensar que hay ciertas contradicciones entre defender una democracia de partidos y a su vez exigir que los legisladores voten lo que desean sin respetar los elementos programáticos de la plataforma que la gente eligió. Si nos rasgamos la vestidura cuando decimos que “la gente” no vota proyectos sino individuos carismáticos, deberíamos hacerlo también cuando los legisladores se corren del núcleo programático que los llevó a su banca. Y espero que se entienda bien: no abogo por un funcionamiento monolítico de los partidos en la Cámara, simplemente, señalo algunas inconsistencias en los rezongos de los comunicadores.
Pero volvamos al juego de las predicciones, predicciones que no tendrán la precisión de las metáforas obstétricas de los partos republicanos ni la furia de los enloquecidos aviones que sin radar chocarían una y otra vez en el aire. Creo que hay una urgencia razonable por resolver este conflicto. La incertidumbre, esté basada o no en la realidad, es palpable y cuantificable. Y sin embargo, no es este el momento de los grandes desenlaces. No habrá ni súper martes ni súpermiércoles. Habrá triunfo del proyecto oficial en Senadores y comenzará un largo camino de desgaste, con amenazas latentes, a veces efectivizadas, de conflicto. Veremos a los sectores más impresentables del peronismo generar la nueva oposición y esperar que el desgaste de CFK y NK genere, por decantación, la irrupción de algún candidato que condense la heterogeneidad antiK.
Ojalá los actores de la democracia, al fin de cuentas, todos nosotros, estemos a la altura de las circunstancias y entendamos que nos guste o no este gobierno debe cumplir su mandato. Sobre este punto, más que predicción, realizo una expresión de deseo. En cuanto a lo que viene, deberíamos dejar de pensar en súper martes y pensar más bien en tediosos, desgastantes y corrosivos lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábados y domingos.

domingo 6 de julio de 2008

La otra batalla

A la tediosa e insistente repetición de los latiguillos de los moderados que buscan migrar hacia ideologías de centro y exhortan al diálogo, a la paz, a que no haya ni vencedores ni vencidos, se la debe contrastar con la retórica discursiva que los protagonistas y los editorialistas de turno expusieron tras la aprobación de la propuesta oficialista en diputados. Por mencionar sólo algunos títulos aparecidos el domingo 6/7/08: “El oficialismo gana el primer round”, (Portal de MSN en Latinoamerica); “Se perdió sólo la primera batalla” (Declaraciones de De Angeli), “El gobierno ganó y el campo apunta al senado” (Clarín), “El kirchnerismo cedió más y logró un ajustado triunfo en diputados” (Clarín), “La tropa de Rossi acaba de sortear el desafío más serio” (Clarín); “Hace muy poco nadie imaginaba esta pelea mano a mano que todavía no está definida” (declaraciones de Biolcatti), “Fue casi un empate” (Buzzi), etc.
Seguramente un lector poco embebido de la actualidad argentina consideraría que estos títulos y declaraciones describen una gesta deportiva o el desarrollo de un conflicto bélico, pero nunca imaginaría que se trata de las palabras y las manifestaciones inconscientes que se develaron una vez desbrozado el camino entre la hojarasca de la corrección política.
Finalmente no hubo fracturas gigantes ni disolución del poder K (aunque sí debilitamiento) y tampoco se votó “a sobre cerrado” la 125. La oposición se unió para decir que no pero no planteó un proyecto alternativo razonable que pudiera encolumnarlos. Pero se abrió el juego y el gobierno cedió aun más de lo imaginable. Tanto que resulta sorprendente comprender el por qué de la insatisfacción de la Mesa de Enlace: a los pequeños productores que no llegan a 300 toneladas se les impondrá un arancel del 30%; a los que van de 300 a 750, el 35% y a los que van de 750 a 1500 se les descontará el 35% de las primeras 750 toneladas; si a esto se le suma el pago del flete, el avance en la ley de arrendamiento, las facilidades para dinamizar la burocrática cadena estatal, el 10% de lo recaudado por las retenciones móviles como fondo contra desastres naturales que afecten a los pequeños productores, etc., etc. caeríamos en la cuenta que para el 85% de los productores el número final del arancel es menor al que regía el 10 de marzo y que la situación mejora considerablemente respecto a esa fecha en la medida en que a todo lo dicho se debe agregar que el precio de la soja ha superado hoy los 600 dólares.
Todos los bandos se adjudicaron el triunfo pero llamaba la atención ciertas contradicciones en el diagnóstico de los opositores pues algunos decían al mismo tiempo que Kirchner había demostrado todo su autoritarismo y su lógica venal y prepotente para imponer con tozudez su plan aunque, algunas líneas después, o algunos minutos después, también decían que el gobierno había cedido en casi todo y que lo aprobado era casi una caricatura del proyecto original. Particularmente, estoy más cerca de aceptar esta última afirmación si bien la profundidad que adquirió el conflicto tras la impericia del gobierno, lo obligó a ceder y lo que en principio fue una norma injusta por la forma indiferenciada con que se trataba a todos los sectores, acabó siendo un instrumento que privilegia a los sectores castigados del campo.
Donde el gobierno no se equivocó fue en mandar el proyecto al Congreso (si bien lo hizo bastante tarde). Evidentemente la aprobación del proyecto por esa vía le quitaría resto a la Mesa de Enlace para mantener el conflicto con cortes de rutas y amenazas de falta de abastecimiento. Fue un gesto democrático sin duda movido por las circunstancias y las presiones. Donde también se respiró democracia fue en la idea de no reprimir los cortes de ruta aun cuando se ponía en riesgo la llegada de comida a los grandes centros urbanos.
Hasta podría decirse que también resultó un atisbo de madurez democrática el comportamiento de las circenses carpas de militantes K, de los militantes de “el campo”, de los evangelistas, los Castellistas y el minúsculo grupo que seguía a Vilma Ripoll y acompañaba el espectáculo con performance que incluían largar fuego por la boca, hacer malabares con pelotitas y ejercitar la destreza en el manejo de las clavas. Entre todos estos grupos que fueron el hazmerreír de los anónimos periodistas rotativos de los multimedios, no hubo ni un solo conflicto a pesar de compartir todos la misma Plaza.
Donde sí hubo gestos de mayor agresividad fue en los cruces entre seguidores kirchneristas y militantes de “el campo” adentro del recinto, y en la exposición de Aldo Ferrer que fue acallada por un grupo de ruralistas y sacada del aire por varios medios. Pero en un país de tradición intolerante como el nuestro, todo esto es un juego de niños.
En este sentido si es que de verdad hemos aprendido las lecciones de nuestro pasado sangriento y estamos madurando como sociedad de la mano de los 25 años de democracia, estamos en un buen momento para que se libre la “otra batalla”, la de la ley de radiodifusión. Seguramente, acostumbrados a la retórica de los últimos 4 meses, la sociedad, los medios y los políticos que aborrecen las imposiciones autoritarias apoyarán la idea de que es necesario que el horizonte de los medios se amplíe fomentando el diálogo constructivo y la pluralidad de voces; también abogarán por un sistema desconcentrado que no esté a merced de aquellos que buscan monopolizar el poder. De este modo, no nos extrañará ver que los mismos que afirman que el poder legislativo representa todas las voces del pueblo si y sólo si se opone a lo que dice el ejecutivo, escriban en sus columnas que la mejor manera de proteger la libertad de prensa es diversificando las voces y rompiendo con las hegemonías discursivas y la imposición de agendas tan naturales en sistemas retrógrados como aquellos que permiten que una misma persona o grupo sea propietario de radios, canales de televisión, servicios de internet, de telefonía y diarios. Coherentemente aquellos que beben del manantial de las ideas republicanas y consideran que, como ya lo habían visto los Padres Fundadores, el problema de la organización política es cómo equilibrar el poder, aplicarán esos principios a los desafíos inéditos que plantean los avances de la comunicación y el problema de la concentración de los medios en Argentina. Seguramente viviremos momentos en que los periodistas, estos guardianes recelosos de la libertad, paladines de la verdad, demostrarán toda su valentía y promoverán una ley que tenga en cuenta a los pequeños y medianos medios y que acabe con las consecuencias de la desregulación de los 90 (y la ratificación de todos los gobiernos posteriores). Lo harán aun cuando ello implique ir en contra de los intereses de los que pagan sus sueldos, esto es, sueldos que se alejan bastante de unos choripanes y unas cocas.

miércoles 25 de junio de 2008

Los idiotas

Debo confesar que a partir de los sucesos de público conocimiento, desde hace ya más de 100 días estoy tentado a escribir una nota que se llame “los idiotas”. Finalmente, creo haber encontrado el momento. Pero para que no se malinterprete diré que no me refiero a la cadena nacional de los medios privados que transmite en vivo y en directo cualquier exabrupto de un De Angeli que más que un Blumberg campechano parece cada vez más un Jacobo Winograd patriotero; tampoco a la supuesta demostración de militancia que suponen las carpas K ni a la insólita persistente cobertura que se les da; tampoco voy a referirme al Gobierno de la Ciudad que en su ineficacia ni siquiera puede lograr el desalojo de esas carpas ni a las poco felices acciones y declaraciones de Delia ni a la funcionalidad de ex líderes sociales como Castells; no se tratará tampoco de hacer un análisis de las cadenas de mails ciberrevolucionarias ni de los valientes comentarios de anónimos en blogs.
También es necesario aclarar que cuando digo idiotas no me refiero a los que ponen en primera plana el sismo político que produjo la conmocionante derrota del kirchnerismo en una ciudad termómetro de la Argentina como lo es aquella que es conocida por el crimen de Nora Dalmasso, ni hago alusión a aquellos que consideran que Riquelme es el jugador número 1 de la Argentina. Permítaseme agregar que en este caso tampoco voy a decirles idiotas a aquellos que, una vez muerto, consideran que Neustadt, al fin de cuentas y más allá de algunas opiniones controvertidas, era un gran comunicador y un hombre fiel a sus ideas; tampoco llamaré idiotas a los idiotas que consideran que el Congreso tiene una oportunidad histórica de demostrar su utilidad. A ninguno de estos personajes citados llamaré hoy idiotas.
Más bien llamaré idiotas a un conjunto de ciudadanos comunes algunos de los cuales ocupan espacios en medios de comunicación, que han interpretado que la nota escrita por Verbitsky este domingo en Página 12 ( http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-106452-2008-06-22.html ) suponía un viraje en el pensamiento del periodista hacia posiciones anti K.
Para explicar esta oligofrenia interpretativa, Orlando Barone hizo mención a un libro de Wiñazki, cuyo título resulta bastante explicativo: La noticia deseada. En este caso, es tal el deseo de ciudadanos comunes y vecinos de escuchar críticas al gobierno de parte de intelectuales que alguna vez fueron afines a éste, que llovieron comentarios a las radios anunciando la buena nueva del cambio de Verbitsky sin percatarse la ironía, que por momentos ni siquiera fue fina, que desarrolló a lo largo de todo su artículo.
Entiendo que Verbitsky introdujo en su nota, a modo de mofa y con el fin de desnudar la precariedad de algunos argumentos, la catarata de pareceres del sentido común que intentan dar cuenta de la realidad política y que poco tienen que ver con las verdaderas falencias que tiene este gobierno. En su nota, el periodista afirma que los problemas de la Argentina son: la confusión que genera el doble comando ya que la gente no sabe quién gobierna; las peleas de la Presidenta con el ex presidente; el afán de dividir el país; el odio de Kirchner; la utilización de las madres de Plaza de Mayo; la soberbia de la Presidenta: la falta de conferencias de prensa; la no invitación al diálogo; la ausencia de calidad institucional; las joyas de la Presidenta; las apariciones públicas de Kirchner. Verbitsky también exigió emular a España en la resolución del conflicto de las rutas (como pedían muchos analistas) y también reclamó que la Presidenta oiga las palabras del humilde líder agrario Alfredo de Angeli, como así también que acceda a que líderes democráticos como Buzzi, alguien con declaradas convicciones religiosas, imparta clases de democracia.
Siguiendo con el juego, el periodista de Página 12 también criticó al ex presidente por no confrontar con Duhalde, por no hacer una exégesis del pensamiento de Delía y por no reconocer la brutal y genocida represión realizada a los cientos de miles de hambreados campesinos revolucionarios de Gualeguaychú.
Todo esto dijo Verbitsky irónicamente en una nota que muchos idiotas interpretaron literalmente. Detrás de este deseo de viraje está la idea de que el arrepentimiento es una vía de acceso a una verdad privilegiada. Casi a la manera de la dialéctica hegeliana, el arrepentido llega a una verdad superior porque ha pasado por el error, por el mal, y la salida de allí supone una superación jerarquizada por contener en sí su negación. Además, mejor si el arrepentido es un intelectual pues al fin de cuentas siempre se nos siembran dudas cuando alguien formado piensa distinto que nosotros.
Si bien para algunos, esta interpretación dialéctica es la muestra fiel de que Cristina no es alguien especial ya que la Argentina estaría llena de hegelianos como ella, a mí me interesaría regresar al tema de esta nota y cerrar con una pregunta: ¿a qué nivel de idiotez hemos llegado para no darnos cuenta que a muchos de los argumentos que se repiten a diario no les hace falta nada para conformar una perfecta ironía?

viernes 13 de junio de 2008

Política y verdad

Tras casi 100 días de conflicto con el campo, la sensación de estancamiento se debe menos a la parálisis en la comercialización de productos que al desfile incesante de analistas, políticos y amplificadores del sentido común cuya única salida a la repetición hartante de lugares comunes es la exageración de calamidades y desastres por venir. Si bien la aparición repentina de casos de inseguridad y las vergonzosas imágenes de Charly García tomada por un celular de aquellos vecinos que trabajan gratis para grandes multimedios con la misma lógica de invasión a la intimidad de los programas vespertinos de infundios parece mostrar cierto aplacamiento del conflicto con el campo, no deja de sorprender la capacidad para exprimir un tema que, más allá de sus matices, no es más complejo que otros.
La estrategia del gobierno, en los últimos días, está dando resultados: el desgaste de los representantes de la Mesa de Enlace resulta visible y junto a De Angeli hay más cámaras que seguidores. La tarima de Gualeguaychú parece el escenario de una comedia Stand Up y el frío hizo que la gente se fuera a la casa. Sin embargo, la estrategia del gobierno es peligrosa puesto que en situación de acorralamiento, la víctima puede reaccionar de diversas maneras. Los dirigentes del campo han quedado presos de su propia radicalidad y la misma crítica paroxística que por momentos los llevó a plantear el cambio de un modelo de país, es la que hace que cualquier triunfo en la negociación se juzgue nimio. Jugar a la expectativa de máxima incentivados por la fama de la repetición en cadena, no es siempre la mejor manera de obtener resultados. Absurdo sería conseguir un poquito de rebaja en las retenciones y salir a justificar públicamente que 100 días de paro tuvieron que ver nada más que con unos puntitos de más o de menos. A estos grupos y a la oposición, lamentablemente, lo que les queda es la apuesta al caos: alguna cadena de mails reenviada por idiotas y algún gatillo fácil que contribuya a construir un mártir anónimo bastará para hacer olvidar las razones originales del conflicto.
El gobierno tiene razón en la aplicación de las retenciones móviles y más acertado estuvo cuando modificó buena parte del plan inicial bajando el porcentaje que, pasado determinado umbral, llegaba al 95% del excedente; cuando discriminó entre grandes y medianos y pequeños a través de devoluciones y subsidios y cuando facilitó los trámites burocráticos delegándolos a las respectivas provincias. También, ante el insólito argumento de que no debía pagarse porque no se sabía a dónde iba la plata, el gobierno acertó en inventar un destino social para los fondos. Esta última estrategia hizo imposible oponerse a tal punto que los representantes del campo no pudieron decir más que “estamos de acuerdo con el destino de los fondos, nada más que no queremos que se nos saque a nosotros la plata”. Ningún periodista repreguntó. La necesidad de diálogo es un latiguillo pero nadie repregunta para que avance el diálogo. Se habla de redistribución y nunca falta un ignorante que plantea que la redistribución es correcta si no afecta a nadie. Lo que estos analistas no parecen entender es que la redistribución supone sacarle a algunos para darle a otros. Si se puede hacer dialogando y a través de la persuasión mejor pero si no el gobierno deberá imponerlo. Si tiene fuerza, decisión política y una buena estrategia comunicacional lo hará. Si no no (por cierto, de las 3 mencionadas, la que seguro no tiene es la tercera).
Pero el gobierno se equivoca en un elemento que va más allá de cualquier plan y que es más grave que esto. El gobierno se equivoca al encarar mal el juego de la política, al creer que en este tipo de conflictos está en juego la verdad. La verdad no necesariamente genera estabilidad política, paz y prosperidad, lo cual, por supuesto no significa que el precio por éstas deba ser la mentira. Pero la fantasía de que la verdad pacifica es la de aquellos fundamentalistas de la verdad que creen que ella es tan fuerte como para sojuzgar voluntades e ignorancias. Piensan la política como piensan la religión. Es la misma idea de Carrió quien cree que el problema de la política es el de la verdad y que el escenario de la política argentina no se divide según ideologías ni programas sino por la decencia en los comportamientos.
Insisto con esto: no se trata de un llamamiento a la mentira y a la construcción de burbujas de consumo y felicidad. Simplemente trato de decir que el juego de la política es más bien el de la persuasión y la negociación antes que el de la verdad. Aún los que tienen la verdad deben, a veces, sentarse a negociar pues la mesa de negociación no es sólo la que admite a equivocados e interesados. También admite a los que tienen razón. Por eso el gobierno debe entender que aún teniendo la razón y la verdad de su lado, debe negociar para resolver el conflicto. La negociación supondrá otorgarle algo a aquellos que mienten lo cual no debilita la verdad, más bien, simplemente, muestra que la política planteada en términos de Verdad/Mentira generalmente no sirve de mucho.
En este sentido, pragmáticamente hablando, el gobierno debe sopesar cuál es el precio que está pagando por poseer la verdad y quizás deba darse cuenta que la verdad de su lado no le permitirá resolver un conflicto que le está quitando el caudal político que merecidamente se ganó.